“El gran reloj” (“The big clock”) – Kenneth Fearing (1946)

“La primera vez que encontré a Pauline Delos fue en una de esas fiestas que Earl Janoth le gustaba dar cada dos o tres meses…” Así comienza la cuarta novela de Kenneth Fearing y la que le llevaría al éxito.

En esa fiesta, nuestro protagonista George Stroud, casado y con una hija, bromeará con Pauline, la novia de Earl Janoth. Se da la circunstancia de que George Stroud trabaja como editor de “Crimeways” en grupo de empresas de Janoth. Un gigante editorial que ocupa las nueve plantas de un rascacielos. Por esas nueve plantas se distribuyen los títulos “Newsways”, un semanal de interés general, con una tirada de unos dos millones de ejemplares; “Commerce”, una revista económica, otras cabeceras, siendo “Crimeways” la que detenta el poder de ser los “diagnosticadores del crimen; si el FBI tenía que ir a la imprenta una vez al mes, sería con nosotros”. En concreto, en la planta 26 “lo que nosotros decidíamos en esta habitación, más de de un millón de nuestros compatriotas era lo que leerían de aquí a tres meses, y lo que leerían lo aceptarían como definitivo”

En un segundo encuentro casual con Pauline Delos “rubia como el infierno” comienzan una relación sin ataduras. “Sabía los riesgos y el coste. Y todavía, ¿por qué no? Quizás los riesgos y el precio eran por sí mismos al menos alguna de las razones del porqué”

Stroud aprovecha que su mujer, junto a su hija, se van a visitar a su hermana, para salir con Pauline. Van a un restaurante, a un local, entran en una galería donde Stroud arrebata a una cliente el cuadro que iba a comprar, “La tentación de san Judas” (título original de la novela) elevando a cincuenta dólares el precio que le ofrecían al dueño. Stroud acompaña a Pauline hasta su casa. Se despiden y unos metros después aparece Earl Janoth. Stroud tiene la duda de si le ha visto o no “¿Y qué si lo había visto? Él no poseía la mujer. Tampoco lo poseía a él” Al día siguiente se enterará por la prensa que Pauline ha sido asesinada. Al mismo tiempo se creará un grupo especial de investigación en la empresa Janoth para encontrar al principal sospechoso del crimen: su amante. Le encargarán a George Stroud que dirija las operaciones, poniendo a su disposición todos los medios y personal para dar con él (mismo).

“El reloj marca la una y es tiempo de irse, agotar el péndulo, para convertirse de nuevo en un prisionero haciendo una vez más la misma fuga” Ese gran reloj se hará omnipresente en las últimas cien páginas, cuando irá estrechándose poco a poco el cerco sobre Stroud. Alcanzará su máxima tensión cuando le informen de que un testigo ha visto al sospechoso entrar en el edificio. Han bloqueado todas las salidas y han situado a una persona en cada una de ellas para que puedan identificarlo.

Con razón, el gran Raymond Chandler describiría este clásico como “un tour-de-force”.

Esta novela avanza en una sola línea temporal, pero desde la perspectiva de diferentes personajes. De esta forma, a lo largo de sus diecinueve capítulos, tendremos no solo la visión de Stroud, sino también la de Earl Janoth, Steve Hagen (urdidor de la trama), la mujer de Stroud, la pintora del cuadro y testigo…

Kenneth Fearing, aparte de escribir cinco colecciones de poemas, trabajó, durante un breve período de tiempo, en la revista “Time Magazine”. Por ello, más de uno señaló las similitudes entre Earl Janoth y Henry Luce, cofundador de la cabecera.

Como curiosidad, solo dos años después de la publicación de la novela, en 1948 se estrenó la versión cinematográfica con guion de otro grande: Jonathan Latimer y dirección de John Farrow Posteriormente, en 1987, Hollywood hizo una nueva versión de “No way out” (“Sin salida”) situando la acción en el departamento de la marina estadounidense. Kevin Costner como comandante encargado de encontrar al amante de Sean Young y un giro final (y original, que no voy a revelar) que la hacen recomendable para ver un sábado por la tarde. Esto, siempre que se haya leído antes este clásico. No solo por la acción trepidante, sino porque, medio siglo después, sigue vigente su crítica a los medios de comunicación, la denuncia de la alienación y las diferencias sociales.

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