“Ladrones como nosotros” (“Thieves like us”) – Edward Anderson (1937)

Esta novela fue considerada por Chandler como “una de las mejores historias de ladrones jamás escrita… una de las novelas olvidadas de los años treinta”. Anderson se inspiró en los casos de Bonnie y Clyde y en las entrevistas que realizó a atracadores de bancos en la prisión de Huntsville. Anderson se interesó no sólo por sus vidas, sino también por su forma de pensar, su forma de hablar. El resultado fue una novela negra clásica, hard-boiled, con sus diálogos cínicos, violentos, contundentes.

La historia comienza con tres presidarios que se han fugado de la prisión de Alcatona en Oklahoma: Elmo Mobley, T.W. (Metralleta) Masefield y Bowie A. Bowers. Los dos primeros cumplían sentencia por ser atracadores de bancos y el último por asesinato.

Los tres planearán atracar bancos, pero antes robarán en una estación de servicio porque, como señala uno de ellos, es lo que tiene el capitalismo: para conseguir dinero, primero necesitan dinero. Son metódicos. Conocen las sucursales que van a asaltar, son cautelosos con los vehículos que seleccionan para pasar desapercibidos, tienen un plan de fuga, se separan y se dan cita en otros lugares… Aún así, los tres se saben condenados, quizás desde que nacieron. No hay romanticismo en sus acciones, ni victimismo. En una cena de navidad con un abogado corrupto sale a colación la “glorificación del criminal”, Bowie A. Bowers afirmará no estar orgulloso de lo que ha hecho. Sus compañeros contarán los atracos como velas en una tarta.

Irán ejecutando sus golpes a la perfección en Oklahoma, Texas… hasta que una noche, un accidente tuerce todo y hay un tiroteo con la policía.  Bowie A. Bowers, herido, es dejado en compañía de la prima de uno de sus compinches para que le cuide. Nadie confía en nadie, salvo familiares y amigos. “Incluso si viera a Jesucristo entrando aquí, no le creería”. Y sí, surgirá el amor entre Keechie y Bowie. Se irán juntos, pero Bowie A. Bowers había acordado encontrarse con sus compañeros el quince de noviembre para asaltar el “First National Bank” de Gusherton en Texas. También le prometerá a Keechie que será su último golpe. Quiere comenzar una nueva vida con ella… Acudirá a la cita (y no, no ocurre lo que usted se espera, o sí, aún le quedarán más de cincuenta páginas hasta el final para averiguarlo)

A lo largo de la novela, siempre habrá una sensación de peligro y tensión en sus acciones. Habrá un coche que aparece donde menos se le espera, alguien que los reconoce, una patrulla de policías… A lo que se añadirá la lógica siniestra de su huida hacia adelante: Cuantos más bancos atraquen, más dinero obtendrán para poder dejar de atracar y, al mismo tiempo, mayor atención atraerán y más policías les perseguirán y “La policía te disparará y te hará las preguntas después”. Están sentenciados, aunque los tres hagan sus planes de huida a México, al norte de Texas…

Está narrado en tercera persona, dándole especial protagonismo a Bowie A. Bowers y a la que será su pareja: Keechie. Además, se intercalarán noticias de los periódicos que reseñarán sus andanzas. Esto nos revelará (en ocasiones también a los ladrones) detalles de lo acontecido desde otra perspectiva más “objetiva” (y más falsa)

El título vendrá de los comentarios sobre vidas que han conocido los tres fugados para concluir que “Los políticos son ladrones como nosotros, solo que tienen más cabeza y usan sus condenadas lenguas en lugar de la pistola” o que “Los policías y los farmacéuticos son ladrones como nosotros” (ambos implicados años atrás en el negocio ilegal del alcohol) por no hablar de los bancos.

La novela comienza con un proverbio de Salomón que bien podría haber sido la conclusión: “Nadie desprecia al ladrón que roba por calmar su hambre; aunque si lo encuentran robando, deberá devolver siete veces lo robado y aun tendrá que dar todo lo que tenga”

Por último, comentarles que esta novela fue llevada al cine en dos ocasiones. La primera por Nicholas Ray en 1948 con el título “Los amantes de la noche” (“They live by night”) y la segunda a cargo de Robert Altman en 1973, conservando el título original “Ladrones como nosotros” (“Thieves like us”)

Un clásico que merece ser leído y releído.

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